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||| Biografías
 

Capitán Juan Manuel Boiso Lanza

Primer Director de la Escuela Militar
de Aviación (1916)

Primer Mártir de la Aviación Militar

Nace en Montevideo, el 28 de octubre de 1887 e ingresa en la Escuela Militar en 1903. Hace un año que estudia en ese Instituto cuando le toca intervenir en la última gran contienda civil que conoce el país. Se lo ve en 1904 como ayudante del Comandante Atanasildo Suárez, está en campaña varios meses y le toca incluso actuar en la famosa Batalla de Masoller, de decisivos resultados.

Terminada la Guerra Civil, Boiso Lanza continúa sus estudios, recibiéndose de Alférez del Arma de Artillería en 1907. Un año más tarde resulta designado Agregado Militar en la Legación de Uruguay en el Reino de Bélgica en donde, a pedido expreso suyo, es adscripto al Regimiento de Artillería No. 2 de Malines. Perfecciona rápidamente su dominio del francés y logra ser admitido como alumno (Oficial) en la Escuela de Aplicación de Artillería e Ingenieros Militares de Bélgica, revelando tempranamente uno de sus dotes más notorios: una inextinguible sed por aprender.

El regreso a Europa, confirma otro de sus rasgos característicos: la condición, en este caso involuntaria, de estar ligado a los grandes acontecimientos históricos que marcan el destino uruguayo. Ha terminado su misión en Europa y a mediados de 1910 vuelve a su patria. Lo hace en el viaje inaugural del recordado y en ese momento flamante crucero Uruguay.

Instalado en el país, se presenta a su Regimiento de Artillería de la Villa de la Unión para continuar la carrera en su Arma de origen. Pero las extraordinarias novedades aeronáuticas que agitan la tranquilidad casi pueblerina del Montevideo de 1912, saca a flote su sujetada vocación de volar y en pocos meses se transforma en aspirante a aviador, primero con objetivos deportivos y luego en aspiración profesional que no abandonará más.

Cuando en febrero de 1913 se hace un llamado entre los oficiales del Ejército que deseen recibir enseñanza de “la Aviación” en la recién fundada Escuela de Aviación Militar de Los Cerrillos, Boiso Lanza es uno de los primeros en presentarse. Pero sus inquietudes llegan más lejos que la de integrar los cuadros aeronáuticos. Está dispuesto a apurar su gestación. Y aparece como uno de los secretarios del Comité Militar Pro-Aviación que se crea en el Centro Militar, por lo que además de uno de los protagonistas más notorios, es también uno de los autores intelectuales del Uruguay aeronáutico. Y en los pocos años que le toca vivir, uno de sus más importantes propagandistas.

Boiso Lanza es junto con Berisso una de las dos grandes figuras de Los Cerrillos. Cuando esta pionera experiencia termina, será Boiso Lanza uno de los responsables del renacer vigoroso de la Aviación, dos años más tarde. A través de su actuación en el Comité Pro-Aviación, del cual es directivo; de las acciones en que promueve la venida al país del aviador paraguayo Silvio Pettirossi; y sobre todo de las conversaciones que éste mantiene con Batlle y Ordóñez en evidentes tareas de incentivación presidencial.

De los respaldos que realiza a la promoción que llevan a cabo los nuevos aviadores civiles Francisco Bonilla, Ricardo Detomasi y Angel Adami en Buenos Aires y el interior de la república, e incluso de proyectos directamente vinculados a la creación de la Aviación Militar como lo que se documenta en el libro del diputado Washington Paullier “La Defensa Nacional y los Problemas Militares” de 1915, donde la parte de aviación aparece esbozada por Boiso Lanza.

El renacer de la Aviación Militar se produce en 1915 precisamente con la designación de Boiso Lanza y Sáenz Lacueva para recibir instrucción de vuelo en Chile, al mismo tiempo que Berisso y Cristi viajan a la Argentina. No hay ninguna empresa de esos primigenios tiempos en que Boiso Lanza y Berisso no aparezcan vinculados y determinándolos con su presencia.

El pasaje de Boiso Lanza y Sáenz Lacueva por la Escuela de Aeronáutica Militar de lo Espejo en las cercanías de Santiago, no pudo haber sido más auspicioso. Ambos terminaron los cursos recibiendo el Brevet de Piloto Aviador Militar y en el examen que dio Boiso Lanza para conseguirlo alcanzó, según el historiador trasandino Enrique Flores Álvarez, “una de las más altas notas registradas en la historia del establecimiento”.

Para finalizar su estupenda actuación chilena, Boiso Lanza obtiene a principios de 1916 dos primeros puestos y cuatro trofeos en dos concursos que se desarrollaron al término de la Primera Conferencia Aeronáutica Panamericana, en donde Boiso Lanza, que participa en la misma como delegado uruguayo junto con Sáenz Lacueva, interviene además como orador, con un espléndido discurso que pronuncia ante las delegaciones americanas entre las que figuraba Alberto Santos Dumont en representación de los Estados Unidos de América.

El retorno de Boiso Lanza a Montevideo resulta ser fundamental para la reactivación aeronáutica. Es un hombre que genera ideas y tiene una extraña cualidad para llevarlas adelante. Posee además un notorio poder de persuasión, para que los otros lleguen trabajosamente a ver lo que él tiene el visionario poder de entender de entrada. Es de la clase de personas que empuja los acontecimientos.

Vuelto de Santiago, en abril de 1916, se mueve en torno al Ministerio de Guerra y Marina a cuyo frente está un entusiasta de la Aeronáutica, Joaquín C. Sánchez, fundador del Centro Nacional de Aviación, hoy Aeroclub del Uruguay, para apurar la fundación de una Escuela Militar de Aviación. Debido al éxito que los oficiales han obtenido en sus cursos en el extranjero, Boiso Lanza resulta encargado de elegir en Buenos Aires los aviones para el futuro instituto.

Las gestiones de Boiso Lanza reciben en 1916 apoyos de diversas tiendas. Las contribuciones vienen por el lado del triunfo de Berisso en el Gran Raid Buenos Aires-Mendoza, varios triunfos de destreza conseguidos por uruguayos en los festejos del Centenario de la Argentina, el cruce del Río de la Plata del propio Boiso Lanza y de Cristi el mismo día, y los vuelos de Sáenz Lacueva en Montevideo.

Son demostraciones de habilidad de las alas uruguayas. El 24 de julio de ese año, se presenta el proyecto de ley para la creación de la Escuela Militar de Aviación y el 20 de noviembre de 1916 el Poder Ejecutivo promulga su ley de creación. Siete días más tarde, el Tte. 1º. Juan M. Boiso Lanza es nombrado Director de la novel Escuela. Berisso, Sáenz Lacueva y Cristi, tres oficiales recientemente brevetados, serán nombrados como instructores.

Es Boiso Lanza, pues, el encargado de organizar la nueva Institución que depende directamente del Ministerio de Guerra y Marina, lo que hace con toda celeridad y brillo. Ya a mediados de 1917, la Escuela está funcionando y preparando nuevos alumnos. Pero el ejercicio del cargo no lo lleva a descuidar su propio entrenamiento como aviador. Boiso Lanza vuela en cuanta oportunidad se le presenta.

En ese año, la Escuela hace varios raides al interior de la república. En el más importante, Boiso Lanza vuela en un Castaibert hasta Paysandú. Al regreso, cuando despega de Trinidad, se accidenta y recibe heridas de consideración. Pero el traspié no lo amilana y a las pocas semanas ya está repuesto, volando y al frente de su establecimiento, en que entra en la etapa final de preparación de los alumnos.

En febrero de 1918, cinco de los nueve alumnos están en condiciones de rendir examen, el que se realiza el 18 de ese mes ante la presencia del Presidente de la República Dr. Feliciano Viera. Cuatro logran sortear las exigencias de la prueba, de acuerdo a la Federación Aeronáutica Internacional, lo que establece un excepcional porcentaje de aprobación.

Boiso Lanza es felicitado por las autoridades presentes, ante el resultado de los exámenes. En su despedida triunfal de la Escuela. Acaba de ser designado para integrar una Misión Militar de observación y estudio en Europa, que se encontraba en plena 1ª. Guerra Mundial. Y hacia Europa parte Boiso Lanza, con el resto de una misión que comanda el Jefe del Estado Mayor del Ejército, Gral. Julio Dufrechou. En marzo arriban a España donde permanecen dos meses y medio y son recibidos por el Rey Alfonso XIII.

La insaciable curiosidad de Boiso Lanza lo lleva a entrar en contacto con todas las novedades aeronáuticas que hay en España y no han llegado aún al Río de la Plata. Entre sus pasos figura la visita al aeródromo de Cuatro Vientos, en Madrid, donde se reencuentra con el aviador chileno Luis O. Page.

Luego viene la etapa de París y el recibimiento que les hace el Presidente Poincaré y el Canciller Pichon. Y las vísperas de una etapa de perfeccionamiento que termina en tragedia. La misión hace una visita a la Base Aérea de Avord, donde está instalada la Escuela Militar de Aviación, unos 200 kilómetros al sur de París. Allí Boiso Lanza es autorizado a efectuar un vuelo nocturno de pasajero en un avión Voisin. El goce de lo que descubre y el impulso genético que le viene desde adentro, lo llevan a solicitar a las autoridades que le permitan recibir instrucción de vuelo en esa Escuela, y en la de Port Long, en la ciudad de Pau.

Está empecinado en perfeccionarse. El 19 de julio ya está concedida la autorización. Y se presenta en Avord. Al día siguiente ya está en pleno vuelo. Un instructor lo examina y lo autoriza a volar solo en un biplano Nieuport. Se entrena y recibe instrucción de acuerdo a las exigencias del Instituto. Al término de su entrenamiento, hace un vuelo de Avord a París, con la correspondiente vuelta, en un avión al que había que efectuarle un raid de ensayo.

Era una prueba peligrosa y quien la realizara debía pedirlo voluntariamente. Seis pilotos lo hacen. Boiso Lanza es uno de ellos. Su condición de alumno extranjero, lleva a que el Director pida instrucciones a la superioridad, respecto a la decisión a tomar. Se le contesta que le den prioridad al piloto uruguayo. Boiso Lanza realiza el viaje sin contratiempos, ante la aprobación de sus superiores y la estima de sus compañeros.

En los primeros días de agosto, Boiso Lanza ingresa en la Escuela Militar de Aviación de Port Long, en la ciudad de Pau (Basses-Pyrénées), a unos 50 kilómetros de la frontera española. Quiere especializarse en el arte del combate aéreo y va recomendado por el Director de Avord como un piloto excelente, pero al que hay que vigilar, por ser extremadamente arriesgado. Se lo ha detectado, tal cual es.

En ocho días, Boiso Lanza realiza en Port Long verdaderas proezas, pasa todas las pruebas, cumple con las exigencias aéreas, ininterrumpidas, acumula 15 loops. El 10 de agosto en el último vuelo exigido para que se le otorgue el diploma de Aviador Militar, sufre un accidente al aterrizar un Nieuport y pierde la vida.

Su polifacética y caballeresca personalidad, su pionerismo, su pasión por la aviación son exaltados el día en que se lo entierra provisoriamente en el cementerio de la Haute-Plante de Pau y durante todos los aniversarios de su fallecimiento. Pero todo lo dicho y lo escrito no ha podido en realidad remarcar adecuadamente todo lo que Boiso Lanza significó para la creación de la Aeronáutica Militar, a la que entregó una vida heroica, un carácter culto y una asombrosa capacidad de maniobra operativa.

Sin Boiso Lanza (lo mismo sucederá con Berisso), la Aviación uruguaya se hubiera ajustado a un desarrollo diferente (más maniatado, más lento, menos efectivo y menos brillante) del que ha tenido. Por resolución del Poder Ejecutivo No. 394 del 19 de marzo de 1968 Boiso Lanza fue declarado precursor de la Aeronáutica Uruguaya. Y el 10 de agosto, se tomó, a partir de 1938, como “Día de los Mártires de la Aviación Militar”.

 

   
 
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